"Construyendo Autoridad Moral desde las Aulas"

Lección 2: Los cimientos

Coordinador Red de Liderazgo en Educación OREALC UNESCO

Coordinador Red Latinoamericana de Liderazgo en Educación.

Del libro  “Construyendo Autoridad Moral desde las Aulas” de Alfredo Rojas y Nora Lambrecht.

Este texto se puede copiar o citar, siempre que se identifique claramente los autores y la fuente. El libro citado está en: http://unesdoc.unesco.org/images/0018/001864/186447s.pdf

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Si se analiza en detalle a los docentes que tienen autoridad moral en sus aulas; esto es que muestran  “actitudes, comportamientos y rasgos que dan confianza, estabilizan el mundo, crean una atmósfera de cordialidad, paz y civilidad y por esa vía infunden respeto y se les sigue”; se podrá constatar que disponen de competencias en dos ámbitos de su ser:  el de la construcción de confianza, y el de la creación de estados de ánimo (“crean una atmósfera de cordialidad, paz y civilidad y por esa vía infunden respeto y se les sigue”).

Esos dos ámbitos de competencia serán los que se trabajarán en este texto.  Para su mejor comprensión se requiere, en primer lugar, que los docentes se vuelvan observadores de aquéllo que le vamos a ir proponiendo. Observadores:  es decir, que estén atentos a lo que ven, lo que escuchan, lo que dicen (o escriben). Les pedimos que omitan lo que ya saben. Omitan cualquier teoría general o específica que tengan sobre éste o cualquier tema cercano a este y que se vean tentados a exponer.  Lo que ustedes saben, piensan o creen les impedirá convertirse en observadores, y por lo tanto les impedirá el aprendizaje. Más que con ustedes mismos, con su pasado como estudiosos o conocedores, nos interesa su presente de diálogo con los textos que aquí se irán proponiendo y con sus colegas de su comunidad de aprendizaje. Esa es la base de este aprendizaje.

A continuación, vamos a comenzar con el primer ámbito, el de la construcción de confianza.

Muy recientemente, en el útimo cuarto del siglo XX los filósofos John Austin y John Searle, el sociólogo Rafael Echeverría y los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela (autores que están a la base de todo cuanto vamos a afirmar en esta lección) , nos mostraron que el lenguaje no solamente nos permite describir lo que vemos como realidad, y  no solamente nos permite expresar nuestras emociones o sentimientos, sino que también crea una realidad, y crea o modifica nuestras emociones.

Por ejemplo, la confianza. Se tiene o no confianza en alguien, o en uno mismo. ¿Qué es la confianza? Decimos: “Fulano es confiable”. O:  “Es mejor no confiar en Zutano…” Hay quienes merecen nuestra confianza y hay quienes nos producen desconfianza. Linguisticamente, confianza es un juicio que hacemos sobre los demás. Tal juicio es un acto de habla del que todos los humanos disponemos (de hecho, todos podemos hacer juicios desde el momento mismo que comenzamos a hablar), un acto de lenguaje que,  por muy cotidiano que sea su uso, no tiene nada de trivial. El juicio de confianza: “confío en Fulano”,  no es solamente algo que decimos respecto de Fulano; es también algo que decimos de nuestra relación con Fulano en el presente (confío aquí y ahora) y sobre todo con respecto a nuestras acciones con Fulano en el futuro: porque confío en él estoy dispuesto a seguirlo, o a hacerme su socio, o a escuchar lo que dice, o a prestarle dinero. Todo lo contrario respecto de Zutano, en quien no confío.

Si afirmamos que para construir autoridad moral desde las aulas se requiere construir confianza en los estudiantes, lo que los y las docentes requieren saber es cómo se construye confianza. Desde el lenguaje, se construye confianza cumpliendo lo que se promete y siendo congruente entre lo que se dice y lo que se hace. Así de simple. Pero no una vez, eventual u ocasionalmente, sino siempre: persistentemente a lo largo de las horas, los días, los meses y los años.  Los niños, las niñas, los/las adolescentes y jóvenes permanecen con los docentes a lo largo de muchos años y es a lo largo de todo ese tiempo que tenemos que cumplir siempre nuestras promesas y ser siempre congruentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Esto también es válido para los padres y madres respecto de sus hijos e hijas.

Las promesas las hacemos/decimos desde que somos muy pequeños, desde que aprendemos a hablar. Como los juicios, las promesas también son actos del habla y como éstos, también crean realidad. Se crea una realidad muy diferente cuando sistemáticamente se cumplen las promesas, a la realidad que aparece cuando no se cumplen las promesas. De igual forma, el ser congruentes entre lo que decimos y lo que hacemos también remite a otro acto del lenguaje:  las declaraciones. Cuando nostros declaramos, por ejemplo: “soy muy puntual”  afirmamos algo de nosotros mismos, de nuestro ser. Esa es una declaración de identidad. Cuando la decimos, equivale a decir nuestro nombre: cuando uno dice me llamo Alejandro Constantinos, dice su ser, y nadie podria negarle esa identidad. Ocurre lo mismo con “soy muy puntual”. Pero si el que se declar muy puntual llega siempre tarde, pasa a ser motivo de burlas, porque sus actos desmienten a su declaración. Inmediatamente nos surje el juicio: “este tipo es poco serio”. Se nos juzga desde nuestra liviandad para declara una cosa y hacer exactamente lo contrario.

En las escuelas, los estudiantes -en especial los adolescentes y jóvenes- andan buscando “pillar” a sus docentes en incongruencias entre lo que declaran y lo que hacen. O en promesas que no se cumplieron. Incluso los más pequeñitos: “Ud. pormetió que no lleería un buento”.  Es desde allí, del cumplimiento de las promesas y de la congruencia entre lo que declaramos -decimos- y lo que hacemos, desde donde nace la autoridad moral.

Ejemplos de incumplimiento de promesas: “Alumnos, el lunes vamos a hacer una prueba con calificación, de la materia tratada en el último mes”. Llega el lunes, el profesor no preparó la prueba y les dice: “Alumnos, he decidido postergar la prueba porque …” Esa promesa incumplida va a alegrar a los alumnos flojos y desmotivados, pero a ellos y a todos, les va a mostrar un profesor que no cumple su promesa. Adicionalmente, va a desmotivar a quienes estaban motivados: a los que estudiaron, a los que se esforzaron.

Otro ejemplo: “Al próximo que hable, se va de la clase”. Habla una, otra, hablan diez y la maestra no puede echarlas a todos de la clase. Promesa incumplida: la maestra pierde autoridad. Incluso en numerosas instituciones los docentes no pueden sacar a los/las estudiantes de sus aulas, pero igualmente hacen la promesa.

Ejemplo de incongruencia. Dice la maestra: “Recuerden que fumar hace muy mal para la salud. No deben fumar”. Y a la salida del colegio, los niños ven a su maestra fumando. Incongruencia, pérdida de autoridad.

Más incongruencias: La docente expulsa de su aula a dos alumnos que impedían que hiciese clase con sus burlas e insultos. Al poco rato, llega el inspector con los muchachos, de regreso. La dice a la profesora: “Lo siento, maestra; como Ud. sabe el reglamento impide que los alumnos sean expulsados de las aulas”. Los hace volver a sus puesto y la maestra se queja en voz baja. Pérdida innegable de autoridad de la maestra, de la escuela y también del Reglamento.

Otro ejemplo: el reglamento del colegio dice que los chicos  deben llevar el cabello corto y uniforme. Inicio de clases y todos los/las docentes, el inspector y directivos andan a la “caza” de alumnos con el cabello largo y sin uniforme. Mediados de año: ya nadie se acuerda del reglamento y nadie lo hace cumplir. Llega el fin de año, y otra vez, nuevamente a cazar cabellos largos. Inconsistencia, pérdida de autoridad.

Más ejemplos: Juan y Felipe se pelean en clase. El maestro entra a la sala, solamente ve a Felipe. Lo envía con el inspector. No escucha a Felipe y a otros que dicen que Juan comenzó la pelea. No quiere que nadie le diga que debe hacer porque él piensa que, de lo contrario, perdería autoridad. Injusticia: pérdida de autoridad.

Con esos ejemplos se habrán dado cuenta que construir confianza, esto es, ser consistentemente cumplidores de sus promesas y congruente entre lo que dice y hace, como asunto de todos los días requiere de una ejercitación cotidiana y de estar muy consciente de lo que se dice. Más que “conscientes”, en este curso preferimos decir: escucharse y verse así mismos/mismas. Ser observadores.

Adicionalmente, cabe señalar que para que los/las docentes construyan su autoridad, deben ser apoyados y ratificados por los directivos y encargados de la disciplina de las escuelas. Ambos, docentes y autoridades deben reforzarse mutuamente y no debilitar su autoridad. Un proceso indispensable para que esto ocurra es coordinar el reglamento, las acciones de sanciones que se pueden ejercer en el aula y el apoyo de inspectores y directivos. Las sanciones (y eventualmente los estímulos) que ofrece el Reglamento también son promesas. Son promesas institucionales y la institución tiene que tener la capacidad de hacerlas cumplir de modo consistente. De lo contrario, el reglamento, las autoridades y todos los docentes pierden autoridad. De allí que un principio básico de revisión del reglamento sea depurarlo de todas aquéllas reglas que no se van a poder hacer cumplir, consistentemente.

Un texto de Alfredo Rojas con una heurística de cómo llegar a ser sabio/a prometedor/ se encuentra en el siguiente enlace: http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001470/147055s.pdf

 



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